Érase
una vez una chica que se pasaba la gran parte de su vida leyendo. Leer siempre
había sido su actividad favorita, pero no lo hacía simplemente en su
habitación, en su espacio, sino que tenía la capacidad de ejercer dicha
actividad en la mayoría de lugares. En una sala llena de gente con un ruido
ensordecedor, caminando por la calle, en cualquier transporte, tumbada en la
playa, en la azotea… Tenía la curiosa capacidad de evadirse del mundo en
cualquier situación, pero tan sólo lo conseguía cuando un libro reposaba entre
sus manos. Sus maravillosas historias la
envolvían de tal manera que su mente se trasladaba a esos mundos de una manera
admirablemente rápida y por mucho que llamaras su atención, la chica nunca desviaba
la vista de sus preciados libros.
Pero,
sin duda, había un lugar especial donde disfrutaba la lectura de tal manera que
era como si de verdad estuviera dentro de esos papeles. Era su lugar secreto en
el mundo, su refugio. Para llegar a tal sitio tenía un largo recorrido, y como
era capaz de llegar con los ojos cerrados aprovechaba ese camino para seguir
leyendo. Era un rincón escondido de un bosque cercano a su pueblo, en el cual
se tenía que ascender un buen trecho, pero todo el esfuerzo tenía su merecida
recompensa. Era una especie de cueva que desde su abertura daba lugar a unas
vistas impresionantes de montañas, cielo, nubes y un lago. En ese lugar te
podías comunicar con el mundo, te dabas cuenta de que nada es imposible y de
que nuestro universo es mágico. Estamos rodeados de magia.
Un
día, que podía haber sido como otro cualquiera, pero que en el fondo no lo era,
porque la chica se sentía realmente triste, ya que uno de sus personajes
favoritos de su actual novela había muerto cruelmente y aunque pareciera una
tontería ella se tomaba muy a pecho sus personajes, eran realmente su familia y
los comprendía, sufría cuando ellos sufrían y daban saltos de alegría cuando
ellos eran felices.
A
causa de su gran tristeza, se quedo dormida en su cueva con lágrimas en los
ojos. Al despertar, estaba en medio de un lago encima de una mesa rota y con un
paisaje realmente familiar. A lo lejos se veía un chico con unas rastas azules que
podría reconocer en cualquier lugar del planeta. Lo había conseguido, su sueño
más profundo se acababa de cumplir. Se encontraba dentro del libro, justo al
principio de la historia y quizás ella podría evitar la trágica muerte del
personaje principal…